El Amor Invencible, una opinión honesta de Ángel Adm

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Autor: Ángel Adm

¿Una obra de arte?

Desde el año anterior con La Herencia y ahora con El Amor Invencible, no me he dedicado a hacer una crítica completa de las telenovelas de Juan Osorio. Ahora he preferido dar opiniones al respecto.  

Algo que me ha llamado la atención de esta telenovela protagonizada por Angelique Boyer, Daniel Elbittar y Danilo Carrera son sus muy buenas críticas por parte de algunos periodistas en el ámbito de la TV e Internet. La han marcado como un buen retorno de los grandes melodramas, en cierto modo, ágil y bien ejecutado.  

No obstante, pese al optimismo que se ha mostrado con El Amor Invencible me he preguntado todo el tiempo, “¿En verdad todos estamos viendo la misma historia?” Sí, es verdad que hay un avance magnífico en producción y algunos temas de vanguardia, pero de ahí a considerarla como algo “grande”, considero que estamos bastante alejados de dicho resultado.
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El Amor Invencible y sus terribles problemas de guion

Para que una telenovela logre ser perfecta depende mucho de la visión de su productor, al menos en México. Esta persona es quien puede decidir los recursos a emplear, incluso, el tipo de trama que se atrevería a plantear. Uno de mis máximos referentes es Ernesto Alonso, quien como pocos, era alguien que verdaderamente se metía a la trama para que su esencia calzara en cada rincón de la misma.  

Juan Osorio, por ejemplo, tiene una técnica muy similar a la de Alonso. Hay que destacar que él, en su tiempo de juventud trabajó con los productores más importantes de la TV, por ejemplo, Ernesto y Valentín Pimstein. Su estilo es una mezcla bastante curiosa de ambos.  

El productor debe contar con una buena cabecera de escritores para que cuenten a detalle lo que él va a transmitirle a un público. Muchas veces ni siquiera se toma en cuenta la perspectiva de un autor o qué le gustaría expresar, va más encaminado a la visión que los productores deciden, alineándose con las exigencias de los directivos.  

Con El Amor Invencible, Osorio también figura en parte de los guiones. Últimamente, ya es muy común que los productores hagan esto, por ejemplo, Giselle González y José Alberto Castro. ¿Y esto es bueno? No del todo.  

El que un productor ya funja como el autor será el sinónimo a agregar y jugar a lo subjetivo, al “propio placer” que a un resultado en equipo. Se habló de este detalle en Mujer de Nadie (2022) con todos los contrastes de sus autores.
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Entre temas interesantes y escenas irreales

Sí, El Amor Invencible toca temas como la trata de personas, inclusive, de una manera muy cruda. También es la primera en ser un poco más directa con los temas LGBTTIQ+ con los personajes no binarios y las drag queens. Nada de eso está mal, de hecho, en sus primeros capítulos parecía que se iba a ir por una línea más oscura, pero me faltaba algo que me dejó poco satisfecho: su planteamiento de guion.  

¡Escuchen sus diálogos! Carecen de todo tipo de profundidad. Un hombre (Pablo Perroni) odia al novio de su hija porque es “un rico que la va a dejar botada”, no quiere ningún nexo con la familia del joven, pero de la nada, acepta escuchar al padre de este (Guillermo García Cantú), lo más risible del asunto es que la muchacha (Angelique Boyer/Dalexa Meneses) les menciona a sus padres que descubrió las terribles intenciones de ese hombre que está en su casa al ser un traficante de mujeres.  

Una reacción lógica que nos podríamos esperar del papel de Pablo Perroni es intentar entender la situación, preocuparse, molestarse, pero no… lo primero que hace es ver feo al villano y decirle “Desgraciado”.  

Otra escena muy irreal que recuerdo es cuando Kika (Abril Michel) llega a la escuela, conoce a unas dos o tres chicas en el camino, les habla, después ve a su rival, Itzel (Karla Gaytán) y en tres segundos todas se le unen para hacerle la vida imposible a la muchacha. ¿Como por qué? ¿Quién sabe? Las chicas tan extras se vieron, que de la nada siguieron a una desconocida a hacerle bullying a una persona, sin un desarrollo de trama, sin un sentido argumental coherente, sin nada, solamente porque sí.
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Robots recitando diálogos

El guion de El Amor Invencible se siente acortado por donde quiera que se le vea. Nos saltamos por la borda los sentimientos de los personajes, todo tiene que acortarse para que el tiempo no se los coma. Hay momentos en que los que están dentro de esta historia no parecen humanos, sino recitadores de guion, algo así como robots. No hay emociones, todo es algo que no llega a concretarse porque sus diálogos se ven muy cortados.  

Dijéramos que era algo muy común en los primeros capítulos porque debían enganchar al espectador sin decaer, pero al menos, en mi caso, no podía con tanta tontería grabada, además, capítulos pasan y continuaban estos mismos problemas.  

Sí, Eric Morales es un buen director de escena, pero se ve que hizo lo que pudo con un guion tan extremadamente limitado. ¡Y ni hablar de todas las situaciones que pecan de poco realistas!

Comicidad involuntaria

Uno ve la telenovela capítulos después donde el papel de Columba (Marlene Favela) roba la presentación de Leona (Angelique Boyer) y es cómica, no solamente por la limitada actuación de su intérprete, sino cómo pronuncia y describe el discurso. Así como fue presentado el tema en esa sala de juntas, literal, en la vida real se burlarían y correrían a dicha persona. ¡En serio!  

No podemos decir que hablaremos de una sesión de “Re-Brandy”, cuando el término correcto es “rebranding”. La exposición de Columba nos habla de un tema interesante como lo es utilizar el cartón para botellas sustentables en la industria cervecera, pero todo lo reduce a que se podrá utilizar correctamente para la creación de gomichelas o licuachelas. ¡Es risible por donde quiera que se le vea! Quizá si se hablara de estos temas con mayor profundidad y profesionalismo, la escena podría haber quedado mejor.  

He sido estudiante de cursos propedéuticos a nivel posgrado y se me hace muy curioso que todos los jóvenes adolescentes de esta telenovela cursen uno. Quizá, lo que están tratando de explicar es que harían un curso anticipado de forma muy especializada antes de entrar a una preparatoria o a una formación mayor. Claro, es una iniciativa interesante, pero todo se queda en lo banal, no hace la historia mucho en explicarnos el por qué, simplemente todos deben de coincidir en el mismo lugar porque sí, algo así como en las típicas telenovelas donde hay un hospital para todos los personajes.  

Creo que estaba harto de cada vez que hablaban de la palabra “propedéutico” sin explicar el concepto como tal. En definiciones precisas, un propedéutico te prepara para aprender una disciplina de carácter muy especializado, mientras que una preparatoria te da el soporte para el estudio superior (las universidades).

Leona, la vecindad y la entrada

En otro capítulo vemos que Leona (Angelique Boyer) se presenta con Gael (Daniel Elbittar) y prácticamente le dice que le cambiará el mundo si la contrata, evidentemente el segundo la toma casi de a loca y no le da la oportunidad a la primera. Creo que la reacción del protagonista fue de lo más lógico que se ha presentado en esta historia.  

Y algo que sí, de plano dije “esto es muy surrealista”, es cuando se echó a perder un buen plano secuencia. Sí, es algo que he mencionado varias veces, les hace falta a las telenovelas retomar este detalle y hacerlo bien. ¡Qué padre que se haya hecho! Pero cuando veo que la protagonista va a vivir en una vecindad, - no en una pensión de alto nivel socioeconómico o un edificio departamental de gente de clase media.  – y el departamento en el que cae ya lo quisiera tener medio México, lleno de libros y muebles de alto valor.  

La entrada es muy bizarra (en el sentido anglosajón de la palabra). Tiene un tema musical muy interesante al más puro estilo Huracán (1997), pero ver a la protagonista narrar sus objetivos me recuerda a esas entradas que luego creaba Valentín Pimstein en los ochentas. Siento que dimos un retroceso brutal en los openings con El Amor Invencible.  

Algo que sí me puede poner muy de malas es que muchas personas, en varias ocasiones, deducen que una telenovela es lo que es debido a los absurdos, incoherencias y poca lógica. Como si el público fuera tan tonto de no poder exigir más y que sea conformista con lo primero que le ponen.

Ensalada de clichés

Me molesta mucho que a mí como televidente me quieran ver la cara y eso he sentido con cada capítulo visto de El Amor Invencible. Ha habido peleas de dobles intenciones entre protagonista y villana, planteadas de la manera más cirquera posible, reacciones extrañas, secuestros, casi ahogados y demás tonterías clásicas que se le ocurrirían a mentes como María Antonieta “Calú” Gutiérrez y Alberto Gómez.  

La telenovela, quizá, ha tenido buena aceptación o simpatía por parte de una audiencia que sigue el melodrama porque identifica varios códigos que hemos revisado en miles de historias. El Amor Invencible es un cliché andante.  

El villano nos lo presentan como la bestia más mala del mundo. La trama nos remota a “El Conde de Montecristo”, pero lentamente desarrollada y sin terminar de concretar el punto de la venganza. Una mujer como Jacinta (Alejandra Ambrosi) en lugar de mostrarla como alguien de carácter y fuerza, nos la presentan como la típica madrecita llorona abnegada que debe estar al límite para ponerle un verdadero alto a la hija.  

Lola de Ana Tena es la clásica “Teresa” o “Rubí”, capaz de vender a su familia pobre mezclada con el personaje que la actriz hizo en La Madrastra.  

Como de costumbre, no puede faltar que el gran villano tenga de amante a la cirquera antagonista de la historia. ¡Todo es predecible a más no poder!  

Algo que peca El Amor Invencible es de poco arriesgada. Tal como el caso de Ana Tena repitiendo diálogos y actitudes que tuvo en La Madrastra, nuevamente la vemos como hermana (esta vez, no sanguínea) de Emiliano González, quien repite rol de un chico noble de buen corazón.  

Víctor González haciendo casi lo mismo de Los Ricos También Lloran, pero un poco más malvado.  

A Danilo Carrera nuevamente lo colocan como el personaje de acentos curiosos como en La Doble Vida de Estela Carrillo (2017).  

Guillermo García Cantú nunca lo había visto tan “cacle-cacle”, al menos en sus primeras semanas. Es como la combinación de todos sus villanos a la enésima potencia, pero ahora con una actitud de “Oh, sí. ¡Soy súper malo y controlo todo!” Con el tiempo, logra reducir al menos unas cuantas rayas dicho aspecto, pero sin lograrlo completamente.  

A Angelique Boyer ya sabemos que le quedan bien este tipo de protagonistas envalentonadas y duales, quizá de lo tan estereotipado que está el elenco, ella se salva porque sí logra colocarle un distintivo a su actuación.  

En resumen, El Amor Invencible es una historia que no busca arriesgarse de más, quizá eso le ha funcionado.

¿Sí es un gran éxito?

Como bien saben, una métrica de la cual, pocas veces tomo en cuenta, es el rating, porque está lleno de anomalías subjetivas.  

Algunos medios de comunicación, especialmente, los digitales, caen rendidos a los pies de esta cifra y la toman como referente, pero veamos que en su primera semana al cuarto capítulo registró un supuesto pico de 7.7, eso por parte de una fuente curiosa de información.  

Si esto fuera cierto, tendrían que haber pasado varios capítulos anteriores que registraran un ascenso paulatino y no tan repentino. Para los siguientes capítulos mantuvo su media normal y nunca ha vuelto a estar en dicho nivel. Destaco este detalle para que veamos lo tan “veraz” que muchas veces los ratings no son o la poca credibilidad de quien comparte estas cifras noticiosas.  

Los ratings son una métrica que siempre ha tenido problemas en su veracidad, pero sirve como un referente a la cuestión comercial. Muchas empresas y marcas revisan qué contenidos apoyar para recibir un beneficio a cambio – por ejemplo, la difusión de sus productos/servicios mediante mercadotecnia - y eso es válido.  

La cuestión es que muchas veces el rating no coincide con la polémica. Las reacciones de El Amor Invencible se han visto en otras telenovelas anteriores, por ejemplo, no es muy desigual a lo vivido en La Madrastra (2022) o Cabo (2022). Ya siendo muy especiales en las cifras, pues no es Si Nos Dejan (2021).

¿Qué se salva?

Para ser francos, sí me agrada que se toquen los temas con pocas pinzas - sí, es verdad que hay cuestiones de guion que deben ser urgentemente corregidas para que queden mejor – Me gusta que hablen de temas como los no binarios, las drag queens, el déficit de atención infantil, la trata de personas, etc. Múltiples situaciones sociales que deben ser atendidas, por ejemplo, la discriminación a los dos primeros grupos.  

Soy sincero, se ven impresionantes las escenas de trata de mujeres, aquí retratadas como la más baja y horrenda esclavitud en desesperación. Para una Televisa tan conservadora, aquí si aplaudo lo que se ha logrado.  

En actuaciones, diría que la mejor es Leticia Calderón en un personaje bien cuidado. Josefa podría parecer una villana al principio o una mujer de carácter muy fuerte, pero es una coraza andante. Sabe que su esposo hace cosas criminales, pero ella misma se venda los ojos, no tolera las impertinencias de la nuera y es la que ve los dos lados de las situaciones.  

Quizá por ella, si valdría la pena ver la telenovela.  

El triángulo amoroso podría ser bueno, pero les faltó. La espera de la venganza de Leona y la recuperación de sus dos hijos, reconozco que sí son dos buenos ganchos para que la audiencia fuera paciente.  

Gabriela Platas también hace un buen papel, sin embargo, es una pena que digan que rebasa los 30 años, cuando en la vida real, no es así.  

La producción procura estar bien cuidada, lo que se agradece. Lástima el detalle de la habitación de la vecindad y el exceso de la comida que presentan (muchas veces funciona, pero en otras tomas, no tanto).

¿La recomiendo?

El público es quien tiene la última palabra, pero en mi caso y a diferencia de todos aquellos que han salido a hablar maravillas de esta telenovela, no la recomiendo.  

Considero que al momento de tener una pluma, un micrófono o escribir frente a una computadora tenemos una responsabilidad amplia con el público. Al menos yo no podría recomendar algo con las características literarias y conformistas de El Amor Invencible.  

Un mensaje para Juan Osorio es que le reconozco su esfuerzo que hace en mejorar, pero su calidad siempre se verá contrastada cuando le dé más peso a lo fácil, al morbo y a los trabajos a medias. Seguir tratando al público como tontos que consumirán cualquier cosa porque hay tendencias a aprovechar como El Medio Metro, pues es triste. Ojalá algún día re-aprenda a hacer telenovelas con el corazón, no con el ego.
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